P R O L O G O

Quiero contarte que desde siempre me he sentido poeta, como parte de mi filosofía de vida. El mundo de las letras, es un mundo mágico que nos permite desplegar alas invisibles y emprender vuelo. A veces hacia nuestro interior, nuestro pasado o algún lugar remoto que aún no habíamos descubierto, trasponiendo enormes distancias en tan solo segundos. En ocasiones anochece siendo de día, otras, un sol inesperado nos ilumina la noche. La música, como una eterna compañera, eleva a la inspiración y las melodías junto con las palabras acarician el alma. Cuando esto sucede, solo me falta mi amado mar para que sea perfecto, contemplándolo o internándome en él logro una armonía única entre mi humanidad y la naturaleza.
Siento que la mejor mirada es aquella que se pierde en el interior de quien tenemos delante, de tal modo, que hasta olvidamos el color de sus ojos.
Por último quiero decirte que envejecer es una decisión del espíritu, por lo que resulta imprescindible no dejar morir a nuestro niño o niña interior.


02 noviembre 2013

PERIPECIAS DE UNA BODA

Hola gente amiga del blog, para los que me leen habitualmente les sorprenderá que suba un género inédito hasta ahora para mí, como es lo satírico y humorístico. Bueno, me animé y lo dejo a vuestra consideración. Espero lo encuentren divertido.



¡Recuerdo que por fin había llegado el día!
Luego de ver millones de catálogos en donde la pregunta siempre era la misma: -¿Te gusta este traje de novia mi amor? ¿Cómo me vería con él mi cielo?-
En realidad, salvo excepciones en donde no se distinguía muy bien en donde comenzaba y terminaba el vestido, o como haría para meterse dentro de él, pensamiento que obviamente nunca me atreví a decir en voz alta, los demás eran todos muy similares, aunque a mi novia evidentemente no le parecía lo mismo, a juzgar por el tiempo que se tomaba en observar minuciosamente cada modelo.
Recuerdo la agonía de visitar innumerables salones de fiestas, donde infaltablemente aparecía el mismo personaje, cual si fuera clonado en sus modales y su forma de expresarse, aunque con distintas caras y estaturas, mostrando con solemnidad extrema los beneficios incomparables de realizar la fiesta en ese lugar …”tan, pero tan prestigioso…”, del cual nunca había oído hablar en toda mi vida y, que además de soslayo, me miraban por el rabillo del ojo como si yo hubiera salido de alguna jaula.
Ni que hablar de las terribles pataletas que mi hígado estoicamente superó, probando a horas insólitas mini bocaditos agridulces, salados, dulces, en fin, experimentos culinarios que ni el paladar puede clasificar, o tarteletitas varias con unas pastas que iban entre el color verde gelatinoso al morado con puntitos negros, Obviamente nunca osé en preguntar de qué material estaban hechos, aunque por el precio, debieron ser de platino y piedras preciosas.
Luego acontecía la interminable lista de postres, con crema o sin crema, con chocolates de mil variedades, con frutas de nombres tan exóticos que ya ni recuerdo, dado que desconocía que existían.
Todo eso degustado a las ocho de la mañana y en ayunas, puesto que luego tenía que cumplir con mis obligaciones laborales hasta pasadas las nueve de la noche, hora inadecuada para degustar distintas propuestas de “Servicios de Catering”, tal como me enteré que le llamaban a quienes se harían cargo del menú.
Entre esas peripecias, portando algunos kilos de más por tanta degustación, sin tener en claro que vestido había sido elegido, dado que, dice la leyenda –“ el novio no puede ver el vestido hasta el día de la boda porque trae mala suerte..”-
Entonces surgía inevitable en mi cabeza la pregunta del millón, por qué me habían obligado a que las acompañara a elegir el modelo, y cuando hablo en plural, me refiero a mi futura esposa y a mi no tan “apreciada” suegra.
Y no es que no la apreciara en un principio, sólo que aún me sigo preguntando en que momento se transformó en un monstruo de voz estridente y penetrante, de esas que calan los sesos, dónde quedó esa gentil y agradable señora que me invitaba a cenar y, con una vocecita tierna y dulce, en tanto me hablaba durante horas sobre lo maravillosa que era la “nena”.
Volviendo al casamiento les cuento que la ceremonia tenía que realizarse a las siete y media de la tarde, porque así iba a ser parte de la misa de esponsales. Eso fue decidido por ambas, es decir, mi suegra y Cristina, mi entonces futura mujer, por lo que iba a durar aproximadamente unas tres horas o más. Obvio jamás me consultaron si estaba dispuesto a permanecer parado frente al altar todo ese tiempo.
Llegó el día, puntualmente a las seis llegó mi cuñado a buscarme con un auto que portaba un gigantesco moño blanco en el techo. Algo típico en toda boda.
Salimos con tiempo más que suficiente teniendo en cuenta que la iglesia quedaba relativamente cerca, pero a mitad de camino y como corolario de la charla que manteníamos respecto de cuanto habían costado las alianzas, el pánico se apoderó de mí al constatar que me las había olvidado.
Él era un gran volante y así lo confirmó cuando a toda velocidad giró ciento ochenta grados y raudamente volvimos sobre nuestro trayecto para ir a buscarlas, lo cual hicimos, partiendo, alianzas en mano, como si se tratara de una carrera de fórmula uno, nuevamente hacia la iglesia.
En el trayecto y durante unas quince cuadras, un conductor nos fue tocando bocinazos en forma reiterada en tanto hacía señales con sus luces, creímos que nos pedía paso, iría más apurado que nosotros, pero al sobrepasarnos nos gritó – El moñoooooooo … se les cayó el moñoooo –
Una gotas heladas comenzaron a desplazarse por mi frente al mismo tiempo que mis axilas mojaban las mangas del frac, negro y muy ajustado, que me habían alquilado porque era lo “Top” del momento, según palabras de Cristina, y de mi suegrita.
Otra vez el volantazo y el giro, había que encontrarlo como fuera y el tiempo corría implacable, está vez me mareé y me estómago me jugó una mala pasada, cuando me vino a la mente las caras que pondrían ellas si llegaba sin el moño.
Gracias a Dios lo encontramos tirado a la vera del camino, entre unos pastizales crecidos y húmedos. Lo sacudimos un poco, total era de noche y nadie se iba a fijar en ese detallecito, me refiero a las manchas verdosas y amarronadas, en fin, el tiempo urgía, por lo que lo acomodamos como pudimos y partimos raudamente.
Llegamos increíblemente en el momento justo en que habrían las puertas, bajé como disparado del asiento a tomar el brazo de mi suegra, quien improvisando una forzada sonrisa y entre dientes no escatimó en epítetos que no vienen al caso reproducir.
Advertí en su mirada ese enojo tan inconfundible, pensé que quizás habría visto con su mirada de lince alguna manchita en el moño, aunque era casi imposible, me voltee disimuladamente para mirar y resultó que el moño estaba torcido y totalmente volteado hacia un costado, como si se hubiera agarrado fuerte para no volverse a caer.
Respiré profundo y dí el primer paso hacia el altar.
Cuatro horas después, mis pies, mejor dicho mis callos, torturados por los apretados zapatos nuevos, agradecieron el beso que selló nuestra unión y, cuando salimos a saludar, inexplicablemente me quebré en llanto, sí, no podía dejar de llorar en el hombro de todos los que me abrazaron, en tanto mi flamante esposa saludaba sonriente en la otra punta de la escalera.
Dan fe de esa bochornosa situación las fotos en donde mi cara hinchada y colorada por el llanto, contrastaba con el blanco del vestido de la novia.
Pasó el momento, pasó también la fiesta y el alivio de pensar que al día siguiente estaría en las hermosas playas de Brasil, me dibujaban una permanente sonrisa.
Bajamos del avión, ella cámara en mano fotografiando hasta a las azafatas, y yo, como es de suponer, cargando todas las valijas y bolsos, como si nos mudáramos, en lugar de ir de luna de miel.
Pero no importaba nada, la amaba y ya éramos marido y mujer, todas esas peripecias se convertirían en anécdotas.
Llegamos al hotel, dejamos todo en la habitación, nos pusimos los trajes de baño y partimos en la lancha hacia el paseo que nos había regalado mi suegro.
Definitivamente la ansiedad había quedado atrás conjuntamente con todo lo padecido, la lancha paró su marcha, contemplé el verde cristalino de las profundas aguas y se me ocurrió sorprender y deslumbrar con uno de mis famosos clavados, a mi hermosa esposa.
Y eso hice sin dudar y sin escuchar que al mismo tiempo que me lanzaba al mar, la tripulación gritó al unísono –¡¡Cuidadoooooooooo!!-
Conclusión, no era tan profundo como pensé y además estaba plagado de erizos de mar, por lo que nunca olvidaré mi luna de miel, ni a mi flamante señora insultándome en todos los idiomas, en tanto durante una semana me sacó pacientemente con su pinza de depilar, las incontables espinas que se clavaron en todo mi cuerpo.

Fin ( o solo el principio?)

16 mayo 2012

Me pregunto...





Te has preguntado alguna vez y contestado francamente,
Sin excusas, ni evasiones, sin orgullo y sin rencores,
qué sucedería contigo si algún amanecido día
descubrieras que no estoy, que he partido de tu vida.
Dónde fugaría el brillo y la intensidad de tu mirada
si no te pudieras reflejar nunca más en mí.
Si mi cuerpo y si mi alma ya no fueran tu morada.
¿Qué horizonte más yermo tus manos vislumbrarían,
sin el mapa de mi piel, sin mis aromas, sin mi sonrisa?.
Qué estériles y vanos tus más ardientes deseos,
sin mi pasión que potencia toditos nuestros anhelos.
Qué seca y rígida tu boca sin los besos en la entrega.
Qué lento ritmo el corazón si el frenesí no lo doblega.
Qué lánguido el devenir de todas esas horas muertas.
En donde nos quedamos solos, en donde se cierran las puertas.
En donde otros lejanos forjan, ansiosos sus propias metas.
Y la cama se nos ensancha, y el alma se nos estrecha,
y la mente se nos dispara y las manos se nos ahuecan.
Y ante la ausencia de sueños el espíritu se nos revela,
se niega a ser sólo testigo de las alegrías ajenas,
o visitante fortuito de quienes comparten la escena.
Si el fin hubiera llegado haciendo imposible el regreso,
si hubiera un punto final, si atrás quedaran los versos,
las ilusiones, las risas e incluso los desacuerdos.
Si no hubiera por delante más que un camino incierto.
Incierto de esa certeza que da el amor verdadero.
Camino sin contenido, sin retorno y sin puertos.
A la deriva y sombrío, carente de sentimientos,
de esa magia que florece incluso a pesar del tiempo.
Mira, te lo pregunto, sin vueltas y terminando,
qué sería de tu vida sin este amor desbordando.
Te sentirías pleno o te faltaría algo,
irreemplazable y cierto, inexplicable y vasto.
Y si te lo estoy preguntando
no es porque presuma de nada.
Las mismas preguntas me hice
anoche muy desvelada.
Y así surgieron los versos
de mi alma hacia tu alma.
Como una conclusión cierta,
como una verdad plasmada.
Cuando el amor es AMOR…
Ya nada lo desarraiga.
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19 febrero 2012

Alquimista


La flor florece y se marchita,

Nace otra flor, pero no es la misma,

Aunque su aroma te la recuerde

Si observas bien… ésta es distinta.

Nada es eterno, todo termina,

Así te opongas o te resistas,

De esta ilusión que llamamos vida.

No somos dueños, sino alquimistas

Dura un instante… no te confundas,

Aunque tus penas sean profundas,

Constante el mar allana las arenas,

Borra los rastros, tapa las huellas.

Y vuelven a verse como siempre

Ignotas, plácidas en su llanura

Expectantes a que otros pasos

las recorran, las descubran.

Para volver a borrarlos

Cual propósito divino.

Y que pasen los que siguen

Dejando su propio camino.

Cual suspiro del universo

llega el implacable día.

Que desde un remoto principio

sabías que llegaría,

Pese a creerte ajeno,

enfrentas sin aviso tu partida

Te das cuenta del final, sin excusas,

sin mentiras y sin valijas.

Así es, lo sé y lo sabes,

pues definitivamente entiende

Que perdemos indolentes

lo más maravilloso y breve.

El tiempo que tenemos asignado,

misterio jamás revelado.

Entonces qué te detiene,

vívelo plenamente, disfrútalo, crece.

No te ates, ni rindas culto

de las cosas materiales,

Te aseguro que ellas nunca

compondrán el equipaje.

En ese paso sólo estarás tú,

es decir tu alma,

Ni tu cuerpo, ni tu pinta,

tu dinero o tu ropaje.

Si te llevarás el amor,

el que te dieron y el que entregaste.


11 diciembre 2011

Un mandato en el silencio

¡Oye, escúchame, despierta!, tengo que hablar contigo. Sí, ya sé que conversamos a menudo, a veces en forma de diálogo, otras tantas monólogos extensos, girando y girando cual carrusel… una y otra vez sobre los mismos temas hasta marearte en ellos, sin encontrar salidas o respuestas.
Te pido que me acalles por completo en las noches, para que las palabras enfiladas y afiladas que retumban como ecos interminables, esas que en realidad no parten de mí sino de lo que quieres y no quieres escuchar, no terminen como siempre desvelándote.
Por eso mismo, despierta. Despabílate, madruga aunque este día no trabajes y como primer paso al levantarte, abre de par en par las ventanas y llena tus pulmones con el aire fresco de las mañanas.
Deja atrás a quien sólo transita las madrugadas como vampiro, y que sin darte cuenta se apodera y se nutre con tu energía, dejándote agotada y abatida.
De dónde sacas y afirmas que todo ya está vivido, que no hay un mejor camino que el transitado, que no hay un mejor abrazo esperándote en algún rincón lejano.
De dónde sacas y te convences que estás sola. Jamás podrías estarlo con tanta humanidad allá afuera, esperando amar y ser amados.
Jamás podrías estarlo porque te tienes a ti misma y contigo a tus talentos, tus dones, tus habilidades, esas que siempre te han abierto camino y te han sorprendido.
Es tu propia actitud la que, cual veneno mortal, hace que agonices antes de tiempo. Adelantas la muerte en las horas de tristeza teniendo ante ti aún un presente para saborear y disfrutar.
¡Qué desperdicio! ¿Acaso no te das cuenta que lo único que estás malgastando es tu propia vida?
Sí, tu vida, la única que tienes, la que nadie puede vivir por ti, la que se pasa cual ráfaga fugaz, la que dura apenas un suspiro del universo.
Entonces, a qué viene tanto duelo repetido si el muerto se muere una sola vez.
A qué guardarle el asiento a un espectador que sabes bien no quiere participar en la obra.
Hasta cuándo te pregunto y debes preguntarte. ¿No te han alcanzado aquellas palabras leídas para darte cuenta que ya no es quien conociste antaño? ¿Acaso no sabes que el pasado jamás regresa? ¿Por qué te niegas indolentemente a vivir, a sentir, a explorar otros caminos aunque no conduzcan a ningún sitio?
Siempre haz sostenido que lo importante era el camino y no la meta, porque alcanzada ésta, habría que situar los sueños en otra, seguramente más lejana, que nos volviera a motivar.
Entonces te pregunto, dónde ha quedado esa soñadora, dónde la idealista, dónde la eterna luchadora que renacía de sus propias cenizas, dónde la muchacha ágil e incansable, dónde a quedado tu inagotable fuerza de voluntad, esa que te permitió sobreponerte a tantos obstáculos.
¿Te rendiste?
¿Por qué, por quién? ¿Acaso una sola persona puede provocar que inmoles todas tus esperanzas?
¡No te reconozco, esa no eres tú, esa apenas es una sombra de quien eres en verdad!
Sí, coincido contigo en que el amor es lo más maravilloso del universo, en tanto lo vivas plenamente, en tanto sea compartido y correspondido, en tanto sea de a dos.
A qué vengo con esto si lo sabes perfectamente, porque lo haz vivido.
Pues entonces agradece, entiende que ya no está y acepta que no volverá.
Entonces párate nuevamente sobre tus piernas y comienza a caminar nuevamente con el ímpetu que te caracteriza.
No te permitas sentir pena por ti misma, desecha ese sentimiento que sólo conduce a un dolor infinito e infructuoso.
Da vuelta la página, cierra definitivamente el libro y archívalo en algún lugar remoto al cual no tengas acceso, eso te permitirá recomenzar sin tanto peso sobre tus hombros.
Lo que diste ya está dado, tienes que entender que aún hay mucho más por dar y por recibir. Solo debes salir del ostracismo en que erróneamente te haz refugiado.
Mírate bien, aún tu piel es tersa, tus ojos no han perdido su brillo, solo están tristes, tu rostro sigue siendo armónico y expresivo. Tus manos están prontas para acariciar nuevamente, tus labios añoran volver a besar. Tu deseo se encuentra anidado en el ansia de volver a florecer.
¿Entonces qué esperas?
El reloj está corriendo a toda prisa y no se va a detener, esperando que decidas despertar de ese letargo que ha durado ya demasiado y que no tiene sentido de ser.
Vuelve a cantar diariamente, vuelve a tu guitarra que es quien más te conoce, vuelve a esos escritos románticos, intensos y seductores.
Vuelve a reír, a jugar cual niña, esa que juraste no dejar morir nunca y que lleva años envejecida, porque le haz dado más trascendencia a otra vida que a la tuya misma.
Entiende que no es justo, que ya es hora, que no puedes permitirte perder más tiempo, que ya fue suficiente.
Sal al mundo, afuera existen almas como la tuya esperando encontrarte y que las encuentres, disfruta el durante todo lo que puedas.
Porque al fin y al cabo, llegamos solos y nos vamos solos de esta vida, aunque al nacer quizás dos manos te reciban y aunque al partir, si tienes suerte, una mano te despida.

17 mayo 2011

BUSCANDO RESPUESTAS

Tan sólo una página en blanco ha quedado de multitudinarias hojas atestadas de sentimientos. Las horas, vacías de contenido se han impuesto y las melodías, que arribaban para ser interpretadas por primera vez, fugaron ante mi imposibilidad actual de poderlas aprehender de la nada.
Mi guitarra duerme silenciosa en el letargo de éste, mi tramo final, anhelando que mis manos vuelvan a acariciarla, que mis brazos amorosamente la contengan, que volvamos a ser las inseparables que siempre hemos sido e inundemos la casa de sonidos, transitando, como otrora, espacios musicales, místicos e interminables.
Mi voz ha enmudecido y apenas articula las palabras mínimas y necesarias.
Mi mirada en vano quiere recuperar su chispeante brillo, ese que nos posibilita reflejarnos en otros ojos, opaca y ahuecada insiste tenaz en ser introspectiva.
Mis interminables noches se empeñan en no dejar que concilie el pacífico y gratificante
sueño. Desvelada, observo desde mi ventanal, como se suceden los días a las noches y el agotamiento se ha adueñado de cada parte de mi cuerpo.
Desganada y como autómata hago lo que tengo que hacer, pero desposeída del disfrute que ello antes me ocasionaba y regreso, ávida de volver a resguardarme en este encierro asfixiante que cada día me aísla más del entorno y de la gente.
Me siento cautiva de mi tristeza y no encuentro la salida. A veces visualizo al mar, mi anhelado mar, que está tan cerca y que está tan lejos como para paliar mis heridas y consolar a mi alma.
A veces me veo caminando por sus playas con el viento de frente, respirando profundamente toda su energía para luego exhalar la angustia, las insatisfacciones, los desengaños, el desgano, la soledad, vieja compañera de mis pasos.
Me pregunto cómo puedo sentirme tan vacía teniendo tanto aún para dar; cómo siendo consciente del gran caudal de mi mundo interior, me cuesta tanto proyectarme hacia el exterior; cómo sintiendo esta necesidad de volar nuevamente, me encuentro estática, inmóvil, paralizada e impedida de guiar, uno a uno, mis pasos hacia un futuro distinto.
Y los interrogantes se convierten en incógnitas indescifrables, se estrellan contra las paredes sin encontrar respuestas, en vano intento desentrañar los motivos.
¿Hasta cuándo? Es la pregunta del milagro. ¿Quién maneja los hilos del destino?; ¿quién se apoderó de mi sonrisa?; ¿quién oculta la alegría en mi camino?; ¿quién osa anteponerse a mis sueños inconclusos?; ¿quién me ha condenado a esta perpetua e insoportable tristeza?
¡Quiero romper los barrotes de esta cárcel inmerecida!
Trocar la oscuridad por la luz en las mañanas de mis días. Volver a ser la conductora de mis pasos, terminar con las vigilias sostenidas. Ahuyentar definitivamente la pena y volver a dejar mis huellas en la arena.
Dios, sé que tienes todas las respuestas.
¿Estás ahí? ¡No quiero sentirme huérfana de Ti!


10 mayo 2011

Cómo pudo Sabina ...adivinarme

Inspirada en los versos iniciales de la canción “Nos Sobran los motivos”, de Joaquín Sabina, que dicen:


Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojala,
estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después.
A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti.

J.S.


Cómo pudo Sabina …adivinarme

Que de versos re manidos estoy harta,
que la luz ya no penetra en mi ventana,
que el corazón se me desangra entre las manos,
que camino, sola y triste entre el desgano.
Y me pregunto si es un truco en mi desvelo,
cómo pudo saber de mí, sin conocernos,
cómo pudo describir mis sentimientos,
cómo puede acariciar mi desconsuelo.
Que la vida se me fuga a cada instante,
que vacía me siento sin amarte.
Que imposible se me vuelve el olvidarte.
Me pregunto, cómo pudo Sabina … adivinarme.
Cómo pudo descifrar mis pensamientos
y hacer suyas las palabras que contengo,
recitando ese poema en mis silencios,
resolviendo todo aquello no resuelto.
Cómo pudo despedirse por mi boca.
Tan rotundo es el adiós… que tengo miedo
de perderme en esa historia que acongoja,
de olvidarme del regreso y del consuelo.
Cómo supo que mis ojos se secaron,
que mis ganas de ti… ya no son tales.
Que los versos que escribía se agotaron
y las noches que transito son mortales.
Que rubrico mis palabras con mi sangre,
que motivos no me faltan para odiarte,
pero el odio, ya lo sabes...no comulga con mi carne.
Y es que vuelvo a preguntarme, cómo pudo Sabina… adivinarme.

Noe
10/05/11

14 abril 2011

Retrato de una traición

Mariana bajó las escaleras fuera de sí, estaba desvastada, la puerta se abrió y salió a la calle. Sus pasos se apuraban en pos de huir de ese lugar lo más rápido posible, pero lo cierto era que no la conducían a ningún sitio, porque no había ninguna posibilidad de que se sintiera a salvo luego de lo ocurrido.
Todo había estado frente a sus ojos, una pesadilla perversa, espantosa, de la cual no podía despertar aunque quisiera.
Deseó haber sido ciega, invidente, pero al mismo tiempo agradecía el haber podido, por primera vez, ver por sí misma quien era él en realidad.
Casi corría por una ciudad ajena a ella, lugares extraños que no la contenían, y mientras avanzaba sin rumbo le era imposible hilvanar ni la más mínima idea.
Las palabras se repetían constantes dentro de su cabeza, los renglones no seguían un orden correlativo y su mente, antojadiza y desquiciada por el impacto, apenas le permitía aprehender el significado de cada una de ellas.
Se encontraba aturdida, anestesiada y al mismo tiempo un dolor intenso, profundo e insoportable, hacía que su cuerpo se desmembrara, como si cada parte de él no se conectara con el todo.
Las piernas tenían movimientos propios, reflejos a esa necesidad de escapar, de alejarse cuanto antes, a sabiendas que ese brutal hallazgo modificaría toda su existencia.
Los puños cerrados, crispados como piedras, cortaban la circulación hacia sus dedos que se encontraban entumecidos.
Cruzaba las calles sin ver, como una autómata, en tanto un alarido desgarrador, acongojado y contenido en su garganta, le impedía poder respirar profundamente.
El corazón, a pesar de haberse roto en mil pedazos, latía con tal fuerza que la aturdía, sentía que estaba a punto de desmayarse, pero trataba estoicamente que esto no sucediera.
Todo su mundo se había puesto de cabeza, absolutamente todo se había convertido en un gran caos.
Caminaba entre la gente sin poder contener sus lágrimas, que se derramaban incesantes sobre su rostro desencajado y pálido.
Se odió por haber sido tan ingenua, tan ilusa, por haberlo amado incondicionalmente.
Lo odió por haber destruido en ella todas sus ilusiones, sus sueños, su confianza, su razón de ser, sus recuerdos más preciados, sus anhelos.
Los minutos se sucedían como eternidades, en tanto se desangraba irremediablemente por dentro.
En ese mismo estado subió y bajó de un colectivo, luego de un tren, sin poder detener el llanto, sin poder contener la angustia, imposibilitada de rearmarse aunque fuera aparentemente.
Por fin llegó a su casa, pero ya no era, ni volvería a ser la misma persona; cerró la puerta tras de sí encorvada por el doloroso peso de los hechos, total y prematuramente envejecida por la desazón, por el desconcierto.
Sentía el puñal entrando en sus entrañas, destruyendo todo a su paso, dejándola vacía de contenido y deseó estar muerta, tan muerta como sus sentimientos.
Sus lágrimas se confundieron con el agua que borraba de su piel todo vestigio de esas falsas caricias, e inundaron constantes, días y noches enteras que se fueron sucediendo sin paz y sin consuelo.
Mariana, desde aquél apocalíptico y último domingo de febrero, camina con los pasos cansados por las interminables noches transitadas sin poder concebir el sueño; con la mirada perdida en un horizonte mortecino y sin esperanzas, con el alma infinitamente entristecida por lo inevitable, con la cruel certeza de no haber sido amada, con el vacío inmenso y desolador que deja la traición.

05 abril 2011

La historia invertida

Sus miradas fueron mucho más allá de todo lo visible, se contemplaron detenidamente, se concentraron en ellos mismos como queriendo captar hasta el más mínimo vestigio de espiritualidad interior, se adentraron el uno en el alma del otro y al hacerlo detuvieron el reloj del universo todo.
Y dentro de esa eternidad sin tiempo se desvaneció por completo el escenario que los rodeaba, desapareció el contexto, las cosas, la gente, todo lo animado e inanimado se esfumó, solo eran él y ella, sólo eran ambos y ni siquiera ellos mismos, los que habían sido, sino una entidad nueva, milagrosa, hasta entonces desconocida.
Como un hecho revelador e inédito descubrieron que se habían fusionado incluso a pesar de ellos mismos, entonces supieron que no volverían a ser jamás quienes fueron. Que los matices, las sensaciones, los sabores, los aromas, los sonidos, en suma el mundo tal y como lo habían concebido había dejado de ser, que desde lo más insignificante a lo más sublime, absoluta y definitivamente todo había cobrado otro sentido.
La magia se impuso, dándole un cariz mucho más intenso a lo que hasta ayer formaba parte de lo cotidiano. Entonces el sol fue más brillante; la luna mucho más mística; las estrellas confines remotos en donde depositar sueños; la fuente, un caudal inagotable, esperando ansiosa nutrirse de deseos camuflados en monedas de cobre.
Entonces todos los caminos recorridos se volvieron lejanos e inhóspitos, simplemente porque no los habían contenido a ambos, y el pasado fue tan solo un rincón remoto,casi surrealista, como parte de otra vida vivida por otras personas.
Se sintieron inmortales, ajenos a cualquier historia que no fuera la de ambos, juntos, unidos, imbatibles, compinches y compañeros, amantes, aventureros, incondicionales y, cuando al fin se concretó el abrazo, supieron cual era el espacio perfecto para contenerlos.
Luego acontecieron los besos, miles, millones de ellos; los poros sedientos de caricias ilimitadas, la pasión devoradora y desbordada. El amor en todas sus manifestaciones, desde la dulce y tierna mansedumbre al más tormentoso frenesí, desde las risas estrepitosas al llanto incontenible y emocionado.
Sucumbieron mansos y rebeldes, serenos y descontrolados, pacíficos e inquietos, inmersos en esa dualidad tan propia marcada por la intensidad de los sentimientos.
Sabían que había que vivirlo plenamente, que no habría otra oportunidad, que no se repetiría y, sin importar cual sería el plazo, se entregaron el uno al otro.
Pero ese no fue el final de la historia, tal como acontece en las novelas, ese fue tan solo un instante dentro de la eternidad de ese inmenso reloj universal, el mismo que ellos creyeron, se había detenido la noche en que se besaron por primera vez.
Se olvidaron que no eran infalibles, que nada lo es, que todo sigue su marcha, que todo se transforma constantemente, aunque las huellas puedan perdurar más allá de las personas.
El tiempo, tenaz en su paso, hizo lo suyo, ellos fueron responsables del resto.
Supieron entonces, como otra dolorosa verdad revelada, que la propia, triste e inevitable soledad iba a resumirse en la ausencia definitiva del otro.
Pero algo, además del amor, fue cierto, nunca volverán a ser los mismos.

03 abril 2011

Entretanto

Anclada en una historia, que tarde comprendo nunca existió, concluyo en la impostergable necesidad de levar mis anclas de un puerto imaginado y efímero. Con la certeza de que no existen rumbos avizorados, con la agobiante incógnita sobre si los habrá algún remoto día en que pueda quizás, despertar entre los brazos de un ser amado.
El aire, entre tanto, se niega a llenar plenamente mis pulmones, la opresión continúa ejerciendo su implacable fuerza; los pasos siguen sin poder dirigirse a ningún sitio preciso, la sensación aún continúa siendo la misma, no estoy a salvo de las sombras que se yerguen avasalladoras frente a todo lo que ocasionalmente me rodea.
La ciudad no es la misma ciudad y los paseos dejaron de ser frente a la imposibilidad de plantear un recorrido que no me sustraiga hacia el pasado.
La mañana plomiza tiñe de gris mi angustia, la calle está desierta y una garúa insistente que amenaza en convertirse en tormenta golpea de refilón a mi ventana.
Un domingo más o un domingo menos en mi vida, que más da. Iniciado como otros tantos, sin alegría, sin deseos, sin planes ni proyectos, sin sonrisa, sin ilusión. Con esta congoja que se ha arraigado en mi alma, con la desazón que no cede. Y me pregunto cuándo terminará este dolor que lo ocupa todo y que no me deja espacio para resguardarme. Lo quiero definitivamente fuera de mi historia, de mi vida pasada, presente y futura.
Quiero despegar de tanta mentira, de tanta traición, de tanto descaro, de ese constante no hacerse cargo, minimizando y queriendo justificar lo injustificable. Quiero recuperar mi luz interior totalmente liberada de las sombras de su hipócrita existencia.
Quiero trepanar todos y cada uno de los recuerdos, exiliarlos de mi mente, quiero desdibujar, hasta que desaparezcan por completo, rasgos, miradas, palabras, nombres.
Quiero tomar distancia de esta realidad, aplacar la angustia, curar mis profundas heridas, quiero olvidarlo todo, retroceder una década y tomar otro camino, un camino en el que jamás se cruce por mi destino, quiero secar mis lágrimas definitivamente, destilar todo su veneno hasta que no queden rastros. Quiero volver a mí, a mi esencia, a mis prosas, mis poemas, mis canciones, mi guitarra. Volver a unir los fragmentos para poder sentirme íntegra nuevamente.
Quiero definitivamente cerrar la última página del libro y tirarlo a la hoguera para que el fuego consuma hasta el último vestigio.
Entretanto ...solo estoy.

03 marzo 2011

Palabras para un final

La tristeza, mi tristeza, el dolor, mi dolor, apenas una conjunción gramatical entre artículos y pronombres posesivos, pero en el alma como duele, como desgarra, como descarna cada átomo, cada poro, cada minúscula porción de piel.
Es casi inimaginable como en un instante el mundo se derrumba frente a nuestros ojos, y nada puede evitar el desenlace fatal. Nada puede interponerse frente a la verdad más cruda, más desgarradora, más devastadora de nuestra interioridad.
Como en un segundo nos convertimos en otra persona siendo la misma.
Es como si toda nuestra realidad, nuestra seguridad, nuestra fe, nuestra cordura, se desvaneciera por completo y las palabras, las excusas, las negaciones, distracciones, evasiones, no alcanzaran para paliar el final que se impone ante los hechos concretos.
Entonces nada alcanza, ni el amor que todo lo podía, que todo lo superaba, ese amor indestructible cede paso ante la mentira más cruel.
Y esa misma mentira deja sin efecto al presente, interrumpe por completo al futuro y carcome hasta devorarlo íntegramente al pasado, apropiándose de todos los recuerdos que dejan de ser tales.
Entonces nos convertimos en corazones muertos que inexplicablemente siguen latiendo como autómatas, entonces la sangre se congela aunque la realidad gélida no alcance a detener su torrente.
Y las lágrimas con un caudal inagotable no llegan a desahogar tanta pena. La mirada se ahueca, pierde brillo, se sumerge en la nada misma.
El vacío se hace palpable, no hay caminos de regreso, no hay salida, no hay escape ni consuelo.
Los días, meses, años que habían sido sustentados por algo que nunca existió desaparecen como si nunca hubieran sido.
No hay donde refugiarse, hacia donde correr para encontrarse, no hay espacio que nos contenga, que nos consuele.
Las únicas certezas se sustentan en lo que ya no volverá a ser jamás.
Nada volverá a ser lo que era, ni yo misma.
Nada fue lo que pareció ser.
Todo se resume a mi propio invento, y la mujer que creí ilusamente que era para tus ojos se esfumó. La inspiradora, la especial, la seductora, la única, la hembra sucumbe ante el hecho de ser una más.
Un prototipo de senos abundantes, piel tersa, manos delicadas, labios apetecibles, tonalidades pálidas combinadas con púrpuras delicados.
Todo se vuelve impersonal, apenas un clon de otros clones parecidos que provocan las mismas sensaciones, candores, pasiones, deseos, anhelos, exabruptos.
Todo fue tan nítido, concreto, real, como si indiscretamente hubiera contemplado esa intimidad desde una rendija de mi ventana.
Las palabras, las frases, las intenciones idénticas dieron por tierra con la exclusividad, malograron el milagro y lo convirtieron en irrepetible, mundano, sucio.
Pero pese a todo y más allá de todo hubieron diferencias que solo yo sé, que sólo yo comprendo. Falto mi vuelo, mi profundidad, mi compromiso con los valores, mi entrega, mis principios, mi delicadeza, mi pudor.
Ingenua e infantilmente no podré comprender jamás como pudo resultarte hermosa, seductora, atractiva y deliciosa ella, que mostraba su desnudez a la distancia, en tanto él dormía en una habitación contigua.
Cómo alguien tan desleal, superficial y vana pudo provocarte esa pasión que trascendía la imagen y que te instó a desear vivir el amor después del amor.
Pues a este inexplicable, solo puedo refutar desde lo más profundo de mi ser, que para llegar a esa instancia es imprescindible que exista AMOR, ese amor que yo sentí profunda e infructuosamente por alguien que hoy sé, nunca existió.