P R O L O G O

Quiero contarte que desde siempre me he sentido poeta, como parte de mi filosofía de vida. El mundo de las letras, es un mundo mágico que nos permite desplegar alas invisibles y emprender vuelo. A veces hacia nuestro interior, nuestro pasado o algún lugar remoto que aún no habíamos descubierto, trasponiendo enormes distancias en tan solo segundos. En ocasiones anochece siendo de día, otras, un sol inesperado nos ilumina la noche. La música, como una eterna compañera, eleva a la inspiración y las melodías junto con las palabras acarician el alma. Cuando esto sucede, solo me falta mi amado mar para que sea perfecto, contemplándolo o internándome en él logro una armonía única entre mi humanidad y la naturaleza.
Siento que la mejor mirada es aquella que se pierde en el interior de quien tenemos delante, de tal modo, que hasta olvidamos el color de sus ojos.
Por último quiero decirte que envejecer es una decisión del espíritu, por lo que resulta imprescindible no dejar morir a nuestro niño o niña interior.


06 enero 2015

CONJUGANDO

Y de repente, sin pensarlo siquiera, sin proponérmelo, surge en forma espontánea, nostálgica y de algún modo místico, esta conjugación que impone un verbo recurrente.
Entonces, siguiendo un orden no habitual, comienzo por la primer persona singular, luego la tercera del plural para finalizar en la segunda nuevamente singular, aunque esto resulte caprichoso, dado que los tiempos verbales se entremezclan y danzan pausadamente con los pronombres personales, confundiéndose entre sí. Mezclando al azar el presente, el pretérito y el futuro como si se tratase de un todo indivisible y eterno.
Es así que me descubro escuchando mi propia voz, pero dentro de mí, sin que de mi boca emerja ningún sonido. Y como ecos, esos sonidos imperceptibles al oído humano, rebotan y golpean las laceradas partes que componen mi corazón y mi alma.
Entonces el pensamiento se abraza al sentimiento que se apodera, sin pedir permiso, de toda voluntad.
Y cual aquella lejana marioneta, me convierto al unísono en espectadora y en partícipe, desdoblada, introspectiva, ajena al entorno.
Y la película comienza a rodar, quizás no toda ni ordenada, pero sí las escenas mas importantes, las cuales ocuparon el tiempo más valioso.
Conjugo el “yo” y el “extraño” y surge como paradoja del destino, un “Me Extraño”.
Sí, extraño quien era, extraño como me sentía, extraño cuanto escribía, componía y volaba sin límite alguno, tanto en las letras como en las melodías que parecían brotar de un gran caudal inagotable de inspiración.
Me extraño en las risas, en los sueños, en el ansia de acortar siempre las distancias.
Extraño conducir hablando sola, cuando en realidad lo hacía contigo, aunque no ocuparas el asiento a mi lado, extraño esa certeza de que pronto llegaría y estarías allí, esperando con la misma ansiedad.
Me extraño cabalgando con frenesí horas infinitas sobre tu cuerpo que no deseaba otra cosa más que tenerme, abrazarme, acariciarme sin límite alguno. Me extraño superando mis pudores, sabiéndome una mujer amorosamente correspondida.
Me extraño cocinando cenas sorpresas sonriendo a la nada, o queriendo prender en vano velas, como aquella fría y ventosa noche de invierno, en la costanera sur.
Me extraño en las ocurrencias, en las sorpresas constantes que tenían por única finalidad, contemplar el asombro en tu mirada, en tus ojos al descubrirlas.
Me extraño en los juegos de recién conocernos, de descubrirnos como si fuera la primera vez.
Me extraño agotada y somnolienta después del amor.
Me extraño a mí misma cuando éramos vos y yo.

De repente ya no soy “yo”, somos “nosotros”. Y el “me extraño” se reconjuga y pasa a ser “nos extraño”.
Nos extraños juntos, invencibles, apasionados y enamorados. Divertidos y chinchudos, caminando de la mano, cenando frente a frente, manejando en tanto tu mano buscaba mi pierna o mi cuello, en tanto canturreabas aquél, “ … me gustas tú…”.
Nos extraño en las eternas despedidas, aquellas en donde los labios se adormecían de tanto besarnos.
En los encuentros, en los amaneceres desvelados, en las conversaciones que abarcaban un abanico de temas por abordar.
Nos extraño en aquella imagen, vos acostado, yo al pie de la cama guitarra en mano, dedicándote a media voz mi mejor repertorio.
Nos extraño jugando al pool, mirándonos cómplices y pícaros, entendiéndonos sin necesidad de hablar.
Nos extraño fugándonos en un taxi hacia un camino incierto pero juntos, o caminando por primera vez en la playa, aquella noche en donde mi mar completaba el escenario, nada podía ser más perfecto, más intenso.
Nos extraño entrando a todos lados y que los demás nos reconocieran juntos, como un bloque indestructible.
Nos extraño peregrinando por lugares en donde entrábamos saludando.
Nos extraño abriendo la puerta de aquel nido, sintiéndolo un espacio de ambos, un refugio, un volcán, siempre a punto de estallar.
Nos extraño jugando al desconocido y la bailarina que se equivocó y perdió toda la sensualidad tomando por equivocación una escoba.
Nos extraño cuando el amor lo podía todo, lo superaba todo, cuando separarnos definitivamente era impensable e inaceptable, cuando los abrazos eran apretados y las caricias constantes. Cuando las ansias eran mutuas y había solo un camino, el que terminaba reuniéndonos.

Nuevamente el pretérito cambia y ahora el eco repite, “te extraño”…
Te extraño mío, sobre todo mío.
Extraño aquellas miradas, el latir de tu corazón, tus labios, tus palabras, el “mi chiquita”, extraño tus manos, aquellas caricias que me despertaban por las noches, extraño tus pasos al llegar, tus acordes en mi guitarra. Extraño tus llamadas nocturnas, tus ojos asombrados, tus canturreos.
Te extraño, extraño al gitano apasionado, al soñador, al poeta, al niño y al hombre, extraño tus anécdotas, tus proyectos, esos que me contenían.
Te extraño sentado frente a mí deleitado por algo preparado especialmente por mí para vos.
Extraño al hombre que alguna vez me inundó con ternura. Extraño tu ternura.
Extraño al hombre que me hacía sentir protegida, contenida y amada.

Los ecos vuelven a danzar y se van despidiendo de este papel, y el me extraño se abraza con nos extraño y solloza y ríe con el te extraño.
Más rescato una certeza.
Una afirmación contundente que rubrico con mi sangre.
Algo que solo pocos afortunados viven en este finito tramo al que llamamos vida.
Puedo irme de este mundo sabiendo que mi paso no fue en vano, que más allá de todo, del tiempo, los desaciertos, el dolor, la alegría, la tristeza, las ausencias y presencias, las coincidencias y diferencias, más allá de vos, de mí y de todo, pude sentir el verdadero amor.-

EL TIEMPO

EL TIEMPO. IMPLACABLE, TENAZ. CRUENTO E IMPIADOSO. AMO Y DUEÑO DE CADA PRINCIPIO Y DE CADA FIN.
EL TIEMPO, CARCELERO Y VERDUGO; EL QUE TODO DESTRUYE.
Y AL MISMO TIEMPO Y CONSECUENTEMENTE, EL QUE SANA, CURA, EL TEJEDOR POR EXCELENCIA DE MANTOS DE OLVIDO Y DE PIEDAD QUE MITIGAN EL DOLOR DE TODO AQUELLO QUE NECESARIAMENTE DEBEMOS DEJAR ATRÁS PARA SEGUIR ADELANTE-
COMO UNA PARADOJA DEL DESTINO, EL TIEMPO LO TRANSFORMA TODO, HASTA A NOSOTROS MISMOS.
NOS ENFRENTA DIARIAMENTE A LA MÁS PURA Y CRUENTA REALIDAD, DESISTIENDO ENTONCES DE LO QUE YA NO SE ENCUENTRA A NUESTRO ALCANCE, DE LO QUE HEMOS PERDIDO, DE TODO AQUELLO QUE NOS ES DENEGADO, RETACEADO, PRIVADO, DE LO QUE SE HA IDO.
EL TIEMPO TRANSFORMA IMPLACABLEMENTE EN PASADO A TODO PRESENTE.
NO IMPORTANDO CUANTO NOS AFERREMOS A ÉL, CUANTO PATALEEMOS O CUAN DURA SEA NUESTRA RESISTENCIA. EL TIEMPO SIEMPRE VENCE.-
NOS AVASALLA, NOS ATRAVIESA, NOS EMPUJA O DETIENE, NOS ALIENTA O NOS PARALIZA, NOS ELEVA O NOS SUMERGE.
Y AUNQUE MUY DE VEZ EN CUANDO PODAMOS SORTEARLO, RETROCEDER A LUGARES, SITUACIONES, EMOCIONES O SENTIMIENTOS LEJANOS. AUNQUE NOS CREAMOS ARTÍFICES DE NUESTRO DEVENIR, DE UN PLUMAZO SE ENCARGA EN DESPERTARNOS DE ESE LETARGO PROPIO DE LOS SOÑADORES, DE AQUELLOS QUE AÚN CREEMOS EN LA MAGIA, EN EL AMOR, EN LA LEALTAD, DE AQUELLOS QUE HEMOS SIDO INCONDICIONALES, POETAS, ALMAS PASIONALES, INTENSAS, ALMAS ILUSAS Y DESEOSAS DE OTRAS ALMAS GEMELAS QUE LAS ABRACEN POR SIEMPRE.
PERO “PARA SIEMPRE” NO EXISTE, E IRREMEDIABLEMENTE CADA PARA SIEMPRE, SIEMPRE TERMINA, COMO CADA NUNCA MÁS, NUNCA ES CIERTO.
SINRAZONES, CONTRASENTIDOS HUMANOS, EL TIEMPO NOS PROPORCIONA LAS HERRAMIENTAS QUE NOS POSIBILITAN SEGUIR VIVIENDO SIN TODO AQUELLO QUE NOS PARECÍA IMPRESCINDIBLE PARA ESTAR, PARA SER, PARA SEGUIR SIENDO NOSOTROS MISMOS.
NOS ENSEÑA A VALERNOS DE MEDIOS IMPENSADOS, Y DIA POR DÍA, HORA POR HORA, SEGUNDO POR SEGUNDO, HACE INVISIBLE HASTA EL MÁS VAGO VESTIGIO DE TODO AQUELLO QUE NOS CAUSA DOLOR.-
ENTONCES EL TIEMPO, QUIZÁS NOS VUELVE MÁS FRÍOS, MENOS SENSIBLES, NOS ADORMECE LA PIEL, NOS DESACELERA LOS LATIDOS, NOS ACORTA LAS NOCHES Y NOS EXTIENDE LOS DÍAS PARA QUE LAS SOMBRAS NO NOS VUELVAN A ATRAPAR.
EL TIEMPO NOS ENFRENTA A LAS REALIDADES QUE NO QUISIMOS VER, A NUESTRO PROPIO ESPEJO, A NUESTRA INELUDIBLE SOLEDAD, A NUESTRA IMAGEN DETENIDA Y EXPECTANTE.
EL TIEMPO NOS INMORTALIZA O DECIDE QUE PASEMOS A ENGROSAR LAS SOMBRAS MÁS CERRADAS. MÁS OSCURAS.
ES EN SUMA EL TIEMPO, ES DUEÑO Y AMO DE TODO CONTINENTE Y DE TODO CONTENIDO. DE LOS RECUERDOS COMO TAMBIÉN DEL OLVIDO.
DE LA VIDA, DE LOS SUEÑOS, LOS TRIUNFOS, LOS FRACASOS Y DEL DESTINO.-

16 mayo 2012

Me pregunto...





Te has preguntado alguna vez y contestado francamente,
Sin excusas, ni evasiones, sin orgullo y sin rencores,
qué sucedería contigo si algún amanecido día
descubrieras que no estoy, que he partido de tu vida.
Dónde fugaría el brillo y la intensidad de tu mirada
si no te pudieras reflejar nunca más en mí.
Si mi cuerpo y si mi alma ya no fueran tu morada.
¿Qué horizonte más yermo tus manos vislumbrarían,
sin el mapa de mi piel, sin mis aromas, sin mi sonrisa?.
Qué estériles y vanos tus más ardientes deseos,
sin mi pasión que potencia toditos nuestros anhelos.
Qué seca y rígida tu boca sin los besos en la entrega.
Qué lento ritmo el corazón si el frenesí no lo doblega.
Qué lánguido el devenir de todas esas horas muertas.
En donde nos quedamos solos, en donde se cierran las puertas.
En donde otros lejanos forjan, ansiosos sus propias metas.
Y la cama se nos ensancha, y el alma se nos estrecha,
y la mente se nos dispara y las manos se nos ahuecan.
Y ante la ausencia de sueños el espíritu se nos revela,
se niega a ser sólo testigo de las alegrías ajenas,
o visitante fortuito de quienes comparten la escena.
Si el fin hubiera llegado haciendo imposible el regreso,
si hubiera un punto final, si atrás quedaran los versos,
las ilusiones, las risas e incluso los desacuerdos.
Si no hubiera por delante más que un camino incierto.
Incierto de esa certeza que da el amor verdadero.
Camino sin contenido, sin retorno y sin puertos.
A la deriva y sombrío, carente de sentimientos,
de esa magia que florece incluso a pesar del tiempo.
Mira, te lo pregunto, sin vueltas y terminando,
qué sería de tu vida sin este amor desbordando.
Te sentirías pleno o te faltaría algo,
irreemplazable y cierto, inexplicable y vasto.
Y si te lo estoy preguntando
no es porque presuma de nada.
Las mismas preguntas me hice
anoche muy desvelada.
Y así surgieron los versos
de mi alma hacia tu alma.
Como una conclusión cierta,
como una verdad plasmada.
Cuando el amor es AMOR…
Ya nada lo desarraiga.
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19 febrero 2012

Alquimista


La flor florece y se marchita,

Nace otra flor, pero no es la misma,

Aunque su aroma te la recuerde

Si observas bien… ésta es distinta.

Nada es eterno, todo termina,

Así te opongas o te resistas,

De esta ilusión que llamamos vida.

No somos dueños, sino alquimistas

Dura un instante… no te confundas,

Aunque tus penas sean profundas,

Constante el mar allana las arenas,

Borra los rastros, tapa las huellas.

Y vuelven a verse como siempre

Ignotas, plácidas en su llanura

Expectantes a que otros pasos

las recorran, las descubran.

Para volver a borrarlos

Cual propósito divino.

Y que pasen los que siguen

Dejando su propio camino.

Cual suspiro del universo

llega el implacable día.

Que desde un remoto principio

sabías que llegaría,

Pese a creerte ajeno,

enfrentas sin aviso tu partida

Te das cuenta del final, sin excusas,

sin mentiras y sin valijas.

Así es, lo sé y lo sabes,

pues definitivamente entiende

Que perdemos indolentes

lo más maravilloso y breve.

El tiempo que tenemos asignado,

misterio jamás revelado.

Entonces qué te detiene,

vívelo plenamente, disfrútalo, crece.

No te ates, ni rindas culto

de las cosas materiales,

Te aseguro que ellas nunca

compondrán el equipaje.

En ese paso sólo estarás tú,

es decir tu alma,

Ni tu cuerpo, ni tu pinta,

tu dinero o tu ropaje.

Si te llevarás el amor,

el que te dieron y el que entregaste.


11 diciembre 2011

Un mandato en el silencio

¡Oye, escúchame, despierta!, tengo que hablar contigo. Sí, ya sé que conversamos a menudo, a veces en forma de diálogo, otras tantas monólogos extensos, girando y girando cual carrusel… una y otra vez sobre los mismos temas hasta marearte en ellos, sin encontrar salidas o respuestas.
Te pido que me acalles por completo en las noches, para que las palabras enfiladas y afiladas que retumban como ecos interminables, esas que en realidad no parten de mí sino de lo que quieres y no quieres escuchar, no terminen como siempre desvelándote.
Por eso mismo, despierta. Despabílate, madruga aunque este día no trabajes y como primer paso al levantarte, abre de par en par las ventanas y llena tus pulmones con el aire fresco de las mañanas.
Deja atrás a quien sólo transita las madrugadas como vampiro, y que sin darte cuenta se apodera y se nutre con tu energía, dejándote agotada y abatida.
De dónde sacas y afirmas que todo ya está vivido, que no hay un mejor camino que el transitado, que no hay un mejor abrazo esperándote en algún rincón lejano.
De dónde sacas y te convences que estás sola. Jamás podrías estarlo con tanta humanidad allá afuera, esperando amar y ser amados.
Jamás podrías estarlo porque te tienes a ti misma y contigo a tus talentos, tus dones, tus habilidades, esas que siempre te han abierto camino y te han sorprendido.
Es tu propia actitud la que, cual veneno mortal, hace que agonices antes de tiempo. Adelantas la muerte en las horas de tristeza teniendo ante ti aún un presente para saborear y disfrutar.
¡Qué desperdicio! ¿Acaso no te das cuenta que lo único que estás malgastando es tu propia vida?
Sí, tu vida, la única que tienes, la que nadie puede vivir por ti, la que se pasa cual ráfaga fugaz, la que dura apenas un suspiro del universo.
Entonces, a qué viene tanto duelo repetido si el muerto se muere una sola vez.
A qué guardarle el asiento a un espectador que sabes bien no quiere participar en la obra.
Hasta cuándo te pregunto y debes preguntarte. ¿No te han alcanzado aquellas palabras leídas para darte cuenta que ya no es quien conociste antaño? ¿Acaso no sabes que el pasado jamás regresa? ¿Por qué te niegas indolentemente a vivir, a sentir, a explorar otros caminos aunque no conduzcan a ningún sitio?
Siempre haz sostenido que lo importante era el camino y no la meta, porque alcanzada ésta, habría que situar los sueños en otra, seguramente más lejana, que nos volviera a motivar.
Entonces te pregunto, dónde ha quedado esa soñadora, dónde la idealista, dónde la eterna luchadora que renacía de sus propias cenizas, dónde la muchacha ágil e incansable, dónde a quedado tu inagotable fuerza de voluntad, esa que te permitió sobreponerte a tantos obstáculos.
¿Te rendiste?
¿Por qué, por quién? ¿Acaso una sola persona puede provocar que inmoles todas tus esperanzas?
¡No te reconozco, esa no eres tú, esa apenas es una sombra de quien eres en verdad!
Sí, coincido contigo en que el amor es lo más maravilloso del universo, en tanto lo vivas plenamente, en tanto sea compartido y correspondido, en tanto sea de a dos.
A qué vengo con esto si lo sabes perfectamente, porque lo haz vivido.
Pues entonces agradece, entiende que ya no está y acepta que no volverá.
Entonces párate nuevamente sobre tus piernas y comienza a caminar nuevamente con el ímpetu que te caracteriza.
No te permitas sentir pena por ti misma, desecha ese sentimiento que sólo conduce a un dolor infinito e infructuoso.
Da vuelta la página, cierra definitivamente el libro y archívalo en algún lugar remoto al cual no tengas acceso, eso te permitirá recomenzar sin tanto peso sobre tus hombros.
Lo que diste ya está dado, tienes que entender que aún hay mucho más por dar y por recibir. Solo debes salir del ostracismo en que erróneamente te haz refugiado.
Mírate bien, aún tu piel es tersa, tus ojos no han perdido su brillo, solo están tristes, tu rostro sigue siendo armónico y expresivo. Tus manos están prontas para acariciar nuevamente, tus labios añoran volver a besar. Tu deseo se encuentra anidado en el ansia de volver a florecer.
¿Entonces qué esperas?
El reloj está corriendo a toda prisa y no se va a detener, esperando que decidas despertar de ese letargo que ha durado ya demasiado y que no tiene sentido de ser.
Vuelve a cantar diariamente, vuelve a tu guitarra que es quien más te conoce, vuelve a esos escritos románticos, intensos y seductores.
Vuelve a reír, a jugar cual niña, esa que juraste no dejar morir nunca y que lleva años envejecida, porque le haz dado más trascendencia a otra vida que a la tuya misma.
Entiende que no es justo, que ya es hora, que no puedes permitirte perder más tiempo, que ya fue suficiente.
Sal al mundo, afuera existen almas como la tuya esperando encontrarte y que las encuentres, disfruta el durante todo lo que puedas.
Porque al fin y al cabo, llegamos solos y nos vamos solos de esta vida, aunque al nacer quizás dos manos te reciban y aunque al partir, si tienes suerte, una mano te despida.

17 mayo 2011

BUSCANDO RESPUESTAS

Tan sólo una página en blanco ha quedado de multitudinarias hojas atestadas de sentimientos. Las horas, vacías de contenido se han impuesto y las melodías, que arribaban para ser interpretadas por primera vez, fugaron ante mi imposibilidad actual de poderlas aprehender de la nada.
Mi guitarra duerme silenciosa en el letargo de éste, mi tramo final, anhelando que mis manos vuelvan a acariciarla, que mis brazos amorosamente la contengan, que volvamos a ser las inseparables que siempre hemos sido e inundemos la casa de sonidos, transitando, como otrora, espacios musicales, místicos e interminables.
Mi voz ha enmudecido y apenas articula las palabras mínimas y necesarias.
Mi mirada en vano quiere recuperar su chispeante brillo, ese que nos posibilita reflejarnos en otros ojos, opaca y ahuecada insiste tenaz en ser introspectiva.
Mis interminables noches se empeñan en no dejar que concilie el pacífico y gratificante
sueño. Desvelada, observo desde mi ventanal, como se suceden los días a las noches y el agotamiento se ha adueñado de cada parte de mi cuerpo.
Desganada y como autómata hago lo que tengo que hacer, pero desposeída del disfrute que ello antes me ocasionaba y regreso, ávida de volver a resguardarme en este encierro asfixiante que cada día me aísla más del entorno y de la gente.
Me siento cautiva de mi tristeza y no encuentro la salida. A veces visualizo al mar, mi anhelado mar, que está tan cerca y que está tan lejos como para paliar mis heridas y consolar a mi alma.
A veces me veo caminando por sus playas con el viento de frente, respirando profundamente toda su energía para luego exhalar la angustia, las insatisfacciones, los desengaños, el desgano, la soledad, vieja compañera de mis pasos.
Me pregunto cómo puedo sentirme tan vacía teniendo tanto aún para dar; cómo siendo consciente del gran caudal de mi mundo interior, me cuesta tanto proyectarme hacia el exterior; cómo sintiendo esta necesidad de volar nuevamente, me encuentro estática, inmóvil, paralizada e impedida de guiar, uno a uno, mis pasos hacia un futuro distinto.
Y los interrogantes se convierten en incógnitas indescifrables, se estrellan contra las paredes sin encontrar respuestas, en vano intento desentrañar los motivos.
¿Hasta cuándo? Es la pregunta del milagro. ¿Quién maneja los hilos del destino?; ¿quién se apoderó de mi sonrisa?; ¿quién oculta la alegría en mi camino?; ¿quién osa anteponerse a mis sueños inconclusos?; ¿quién me ha condenado a esta perpetua e insoportable tristeza?
¡Quiero romper los barrotes de esta cárcel inmerecida!
Trocar la oscuridad por la luz en las mañanas de mis días. Volver a ser la conductora de mis pasos, terminar con las vigilias sostenidas. Ahuyentar definitivamente la pena y volver a dejar mis huellas en la arena.
Dios, sé que tienes todas las respuestas.
¿Estás ahí? ¡No quiero sentirme huérfana de Ti!


10 mayo 2011

Cómo pudo Sabina ...adivinarme

Inspirada en los versos iniciales de la canción “Nos Sobran los motivos”, de Joaquín Sabina, que dicen:


Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojala,
estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después.
A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti.

J.S.


Cómo pudo Sabina …adivinarme

Que de versos re manidos estoy harta,
que la luz ya no penetra en mi ventana,
que el corazón se me desangra entre las manos,
que camino, sola y triste entre el desgano.
Y me pregunto si es un truco en mi desvelo,
cómo pudo saber de mí, sin conocernos,
cómo pudo describir mis sentimientos,
cómo puede acariciar mi desconsuelo.
Que la vida se me fuga a cada instante,
que vacía me siento sin amarte.
Que imposible se me vuelve el olvidarte.
Me pregunto, cómo pudo Sabina … adivinarme.
Cómo pudo descifrar mis pensamientos
y hacer suyas las palabras que contengo,
recitando ese poema en mis silencios,
resolviendo todo aquello no resuelto.
Cómo pudo despedirse por mi boca.
Tan rotundo es el adiós… que tengo miedo
de perderme en esa historia que acongoja,
de olvidarme del regreso y del consuelo.
Cómo supo que mis ojos se secaron,
que mis ganas de ti… ya no son tales.
Que los versos que escribía se agotaron
y las noches que transito son mortales.
Que rubrico mis palabras con mi sangre,
que motivos no me faltan para odiarte,
pero el odio, ya lo sabes...no comulga con mi carne.
Y es que vuelvo a preguntarme, cómo pudo Sabina… adivinarme.

Noe
10/05/11

14 abril 2011

Retrato de una traición

Mariana bajó las escaleras fuera de sí, estaba desvastada, la puerta se abrió y salió a la calle. Sus pasos se apuraban en pos de huir de ese lugar lo más rápido posible, pero lo cierto era que no la conducían a ningún sitio, porque no había ninguna posibilidad de que se sintiera a salvo luego de lo ocurrido.
Todo había estado frente a sus ojos, una pesadilla perversa, espantosa, de la cual no podía despertar aunque quisiera.
Deseó haber sido ciega, invidente, pero al mismo tiempo agradecía el haber podido, por primera vez, ver por sí misma quien era él en realidad.
Casi corría por una ciudad ajena a ella, lugares extraños que no la contenían, y mientras avanzaba sin rumbo le era imposible hilvanar ni la más mínima idea.
Las palabras se repetían constantes dentro de su cabeza, los renglones no seguían un orden correlativo y su mente, antojadiza y desquiciada por el impacto, apenas le permitía aprehender el significado de cada una de ellas.
Se encontraba aturdida, anestesiada y al mismo tiempo un dolor intenso, profundo e insoportable, hacía que su cuerpo se desmembrara, como si cada parte de él no se conectara con el todo.
Las piernas tenían movimientos propios, reflejos a esa necesidad de escapar, de alejarse cuanto antes, a sabiendas que ese brutal hallazgo modificaría toda su existencia.
Los puños cerrados, crispados como piedras, cortaban la circulación hacia sus dedos que se encontraban entumecidos.
Cruzaba las calles sin ver, como una autómata, en tanto un alarido desgarrador, acongojado y contenido en su garganta, le impedía poder respirar profundamente.
El corazón, a pesar de haberse roto en mil pedazos, latía con tal fuerza que la aturdía, sentía que estaba a punto de desmayarse, pero trataba estoicamente que esto no sucediera.
Todo su mundo se había puesto de cabeza, absolutamente todo se había convertido en un gran caos.
Caminaba entre la gente sin poder contener sus lágrimas, que se derramaban incesantes sobre su rostro desencajado y pálido.
Se odió por haber sido tan ingenua, tan ilusa, por haberlo amado incondicionalmente.
Lo odió por haber destruido en ella todas sus ilusiones, sus sueños, su confianza, su razón de ser, sus recuerdos más preciados, sus anhelos.
Los minutos se sucedían como eternidades, en tanto se desangraba irremediablemente por dentro.
En ese mismo estado subió y bajó de un colectivo, luego de un tren, sin poder detener el llanto, sin poder contener la angustia, imposibilitada de rearmarse aunque fuera aparentemente.
Por fin llegó a su casa, pero ya no era, ni volvería a ser la misma persona; cerró la puerta tras de sí encorvada por el doloroso peso de los hechos, total y prematuramente envejecida por la desazón, por el desconcierto.
Sentía el puñal entrando en sus entrañas, destruyendo todo a su paso, dejándola vacía de contenido y deseó estar muerta, tan muerta como sus sentimientos.
Sus lágrimas se confundieron con el agua que borraba de su piel todo vestigio de esas falsas caricias, e inundaron constantes, días y noches enteras que se fueron sucediendo sin paz y sin consuelo.
Mariana, desde aquél apocalíptico y último domingo de febrero, camina con los pasos cansados por las interminables noches transitadas sin poder concebir el sueño; con la mirada perdida en un horizonte mortecino y sin esperanzas, con el alma infinitamente entristecida por lo inevitable, con la cruel certeza de no haber sido amada, con el vacío inmenso y desolador que deja la traición.

05 abril 2011

La historia invertida

Sus miradas fueron mucho más allá de todo lo visible, se contemplaron detenidamente, se concentraron en ellos mismos como queriendo captar hasta el más mínimo vestigio de espiritualidad interior, se adentraron el uno en el alma del otro y al hacerlo detuvieron el reloj del universo todo.
Y dentro de esa eternidad sin tiempo se desvaneció por completo el escenario que los rodeaba, desapareció el contexto, las cosas, la gente, todo lo animado e inanimado se esfumó, solo eran él y ella, sólo eran ambos y ni siquiera ellos mismos, los que habían sido, sino una entidad nueva, milagrosa, hasta entonces desconocida.
Como un hecho revelador e inédito descubrieron que se habían fusionado incluso a pesar de ellos mismos, entonces supieron que no volverían a ser jamás quienes fueron. Que los matices, las sensaciones, los sabores, los aromas, los sonidos, en suma el mundo tal y como lo habían concebido había dejado de ser, que desde lo más insignificante a lo más sublime, absoluta y definitivamente todo había cobrado otro sentido.
La magia se impuso, dándole un cariz mucho más intenso a lo que hasta ayer formaba parte de lo cotidiano. Entonces el sol fue más brillante; la luna mucho más mística; las estrellas confines remotos en donde depositar sueños; la fuente, un caudal inagotable, esperando ansiosa nutrirse de deseos camuflados en monedas de cobre.
Entonces todos los caminos recorridos se volvieron lejanos e inhóspitos, simplemente porque no los habían contenido a ambos, y el pasado fue tan solo un rincón remoto,casi surrealista, como parte de otra vida vivida por otras personas.
Se sintieron inmortales, ajenos a cualquier historia que no fuera la de ambos, juntos, unidos, imbatibles, compinches y compañeros, amantes, aventureros, incondicionales y, cuando al fin se concretó el abrazo, supieron cual era el espacio perfecto para contenerlos.
Luego acontecieron los besos, miles, millones de ellos; los poros sedientos de caricias ilimitadas, la pasión devoradora y desbordada. El amor en todas sus manifestaciones, desde la dulce y tierna mansedumbre al más tormentoso frenesí, desde las risas estrepitosas al llanto incontenible y emocionado.
Sucumbieron mansos y rebeldes, serenos y descontrolados, pacíficos e inquietos, inmersos en esa dualidad tan propia marcada por la intensidad de los sentimientos.
Sabían que había que vivirlo plenamente, que no habría otra oportunidad, que no se repetiría y, sin importar cual sería el plazo, se entregaron el uno al otro.
Pero ese no fue el final de la historia, tal como acontece en las novelas, ese fue tan solo un instante dentro de la eternidad de ese inmenso reloj universal, el mismo que ellos creyeron, se había detenido la noche en que se besaron por primera vez.
Se olvidaron que no eran infalibles, que nada lo es, que todo sigue su marcha, que todo se transforma constantemente, aunque las huellas puedan perdurar más allá de las personas.
El tiempo, tenaz en su paso, hizo lo suyo, ellos fueron responsables del resto.
Supieron entonces, como otra dolorosa verdad revelada, que la propia, triste e inevitable soledad iba a resumirse en la ausencia definitiva del otro.
Pero algo, además del amor, fue cierto, nunca volverán a ser los mismos.

03 abril 2011

Entretanto

Anclada en una historia, que tarde comprendo nunca existió, concluyo en la impostergable necesidad de levar mis anclas de un puerto imaginado y efímero. Con la certeza de que no existen rumbos avizorados, con la agobiante incógnita sobre si los habrá algún remoto día en que pueda quizás, despertar entre los brazos de un ser amado.
El aire, entre tanto, se niega a llenar plenamente mis pulmones, la opresión continúa ejerciendo su implacable fuerza; los pasos siguen sin poder dirigirse a ningún sitio preciso, la sensación aún continúa siendo la misma, no estoy a salvo de las sombras que se yerguen avasalladoras frente a todo lo que ocasionalmente me rodea.
La ciudad no es la misma ciudad y los paseos dejaron de ser frente a la imposibilidad de plantear un recorrido que no me sustraiga hacia el pasado.
La mañana plomiza tiñe de gris mi angustia, la calle está desierta y una garúa insistente que amenaza en convertirse en tormenta golpea de refilón a mi ventana.
Un domingo más o un domingo menos en mi vida, que más da. Iniciado como otros tantos, sin alegría, sin deseos, sin planes ni proyectos, sin sonrisa, sin ilusión. Con esta congoja que se ha arraigado en mi alma, con la desazón que no cede. Y me pregunto cuándo terminará este dolor que lo ocupa todo y que no me deja espacio para resguardarme. Lo quiero definitivamente fuera de mi historia, de mi vida pasada, presente y futura.
Quiero despegar de tanta mentira, de tanta traición, de tanto descaro, de ese constante no hacerse cargo, minimizando y queriendo justificar lo injustificable. Quiero recuperar mi luz interior totalmente liberada de las sombras de su hipócrita existencia.
Quiero trepanar todos y cada uno de los recuerdos, exiliarlos de mi mente, quiero desdibujar, hasta que desaparezcan por completo, rasgos, miradas, palabras, nombres.
Quiero tomar distancia de esta realidad, aplacar la angustia, curar mis profundas heridas, quiero olvidarlo todo, retroceder una década y tomar otro camino, un camino en el que jamás se cruce por mi destino, quiero secar mis lágrimas definitivamente, destilar todo su veneno hasta que no queden rastros. Quiero volver a mí, a mi esencia, a mis prosas, mis poemas, mis canciones, mi guitarra. Volver a unir los fragmentos para poder sentirme íntegra nuevamente.
Quiero definitivamente cerrar la última página del libro y tirarlo a la hoguera para que el fuego consuma hasta el último vestigio.
Entretanto ...solo estoy.