P R O L O G O

Quiero contarte que desde siempre me he sentido poeta, como parte de mi filosofía de vida. El mundo de las letras, es un mundo mágico que nos permite desplegar alas invisibles y emprender vuelo. A veces hacia nuestro interior, nuestro pasado o algún lugar remoto que aún no habíamos descubierto, trasponiendo enormes distancias en tan solo segundos. En ocasiones anochece siendo de día, otras, un sol inesperado nos ilumina la noche. La música, como una eterna compañera, eleva a la inspiración y las melodías junto con las palabras acarician el alma. Cuando esto sucede, solo me falta mi amado mar para que sea perfecto, contemplándolo o internándome en él logro una armonía única entre mi humanidad y la naturaleza.
Siento que la mejor mirada es aquella que se pierde en el interior de quien tenemos delante, de tal modo, que hasta olvidamos el color de sus ojos.
Por último quiero decirte que envejecer es una decisión del espíritu, por lo que resulta imprescindible no dejar morir a nuestro niño o niña interior.



17 mayo 2011

BUSCANDO RESPUESTAS

Tan sólo una página en blanco ha quedado de multitudinarias hojas atestadas de sentimientos. Las horas, vacías de contenido se han impuesto y las melodías, que arribaban para ser interpretadas por primera vez, fugaron ante mi imposibilidad actual de poderlas aprehender de la nada.
Mi guitarra duerme silenciosa en el letargo de éste, mi tramo final, anhelando que mis manos vuelvan a acariciarla, que mis brazos amorosamente la contengan, que volvamos a ser las inseparables que siempre hemos sido e inundemos la casa de sonidos, transitando, como otrora, espacios musicales, místicos e interminables.
Mi voz ha enmudecido y apenas articula las palabras mínimas y necesarias.
Mi mirada en vano quiere recuperar su chispeante brillo, ese que nos posibilita reflejarnos en otros ojos, opaca y ahuecada insiste tenaz en ser introspectiva.
Mis interminables noches se empeñan en no dejar que concilie el pacífico y gratificante
sueño. Desvelada, observo desde mi ventanal, como se suceden los días a las noches y el agotamiento se ha adueñado de cada parte de mi cuerpo.
Desganada y como autómata hago lo que tengo que hacer, pero desposeída del disfrute que ello antes me ocasionaba y regreso, ávida de volver a resguardarme en este encierro asfixiante que cada día me aísla más del entorno y de la gente.
Me siento cautiva de mi tristeza y no encuentro la salida. A veces visualizo al mar, mi anhelado mar, que está tan cerca y que está tan lejos como para paliar mis heridas y consolar a mi alma.
A veces me veo caminando por sus playas con el viento de frente, respirando profundamente toda su energía para luego exhalar la angustia, las insatisfacciones, los desengaños, el desgano, la soledad, vieja compañera de mis pasos.
Me pregunto cómo puedo sentirme tan vacía teniendo tanto aún para dar; cómo siendo consciente del gran caudal de mi mundo interior, me cuesta tanto proyectarme hacia el exterior; cómo sintiendo esta necesidad de volar nuevamente, me encuentro estática, inmóvil, paralizada e impedida de guiar, uno a uno, mis pasos hacia un futuro distinto.
Y los interrogantes se convierten en incógnitas indescifrables, se estrellan contra las paredes sin encontrar respuestas, en vano intento desentrañar los motivos.
¿Hasta cuándo? Es la pregunta del milagro. ¿Quién maneja los hilos del destino?; ¿quién se apoderó de mi sonrisa?; ¿quién oculta la alegría en mi camino?; ¿quién osa anteponerse a mis sueños inconclusos?; ¿quién me ha condenado a esta perpetua e insoportable tristeza?
¡Quiero romper los barrotes de esta cárcel inmerecida!
Trocar la oscuridad por la luz en las mañanas de mis días. Volver a ser la conductora de mis pasos, terminar con las vigilias sostenidas. Ahuyentar definitivamente la pena y volver a dejar mis huellas en la arena.
Dios, sé que tienes todas las respuestas.
¿Estás ahí? ¡No quiero sentirme huérfana de Ti!


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